Comienza AHORA, hoy sin falta.
Deja que lleguen a ti las cosas más grandes de tu vida.
Casi nunca he estado tan de acuerdo con un pensamiento siempre tengo alguna duda al respecto y casi siempre me salta una opinión diferente.
Pero si algo tengo muy claro _
“Cuando alguien que de verdad necesita algo, lo encuentra, no es la casualidad quien lo proporciona, sino él mismo. Su propio deseo y su propia necesidad le conducen a ello”.
Yo soy de los que cree en la magia de la vida. Creo que nos convertimos en el mayor imán universal cuando deseamos algo, y no hay nada ni nadie que nos impida acercarnos, segundo a segundo, a aquello que amamos, aquello en lo que nos enfocamos la mayoría del tiempo en nuestro día a día. Atraemos y nos atraen. Pues también nosotros nos sentimos atraídos hacia nuestros “iguales”.
El caso es que, por desgracia, la mayoría del tiempo nos enfocamos en lo que no queremos ( Todo para que no nos suceda ) Como ser: falta de dinero, falta de amor, falta de autoestima, falta de oportunidades, falta de salud, falta de buena suerte, etc., etc., etc. ¿Y qué es lo que atraemos? Pues todas esas carencias...
Si la vida tiene un secreto, si duda es ése. La capacidad que tiene el ser humano de atraer para sí mismo lo que quiere con el simple hecho de pensar y sentir.
Pensar es sentir que se puede , sentir es desear lo que se quiere....
Así que ya sabemos: pensemos y sintamos. ¡Pero sólo en las cosas que nos acercarán a la vida de nuestros sueños!
¿Quién no ha soñado alguna vez con llevar una vida de ensueño, con disfrutar de dinero en abundancia para conseguir todo lo que uno desee a nivel material, con mantener una salud a prueba de todo , que nos dé la energía necesaria para vivir con entusiasmo cada segundo de nuestra existencia o con construir unas relaciones basadas en la amistad y en el amor que nos impulsen a sentir en nuestro cuerpo la magia de la vida?
Yo creo que absolutamente todos hemos deseado en algún momento con cosas así o parecidas. Es algo inherente al ser humano: el anhelo de algo mejor que nos haga sentirnos más a gusto con nosotros mismos.
Muchos me dirán Ricardo como hacemos esto ?
Ahí va mi recomendación inicial: lo que vayas a hacer hazlo hoy, no mañana, no pasado, no al otro… Tampoco dejes que tus días se pierdan en la recreación de tu pasado, eso es sin ningún género de dudas, la mayor perdida de tiempo, el único elemento que no podemos recuperar.
Dice el Dalái Lama que “sólo existen dos días en el año en los que no se puede hacer nada. Uno se llama ayer y otro mañana, y que por lo tanto HOY es el día ideal para amar, crecer, hacer y principalmente vivir…”.
Somos lo que pensamos y sentimos...
Ricardo B....
En muchas ocasiones no importa tanto las circunstancias externas, más bien lo que pensamos sobre ellas. Te servirán para empezar el día, para el trabajo, en el amor… Algo muy importante que he aprendido, es que cada problema tiene una gran oportunidad oculta y, si lo tomas con buena actitud, lo olvidarás rápido e incluso agradecerás que te ocurriese.
viernes, 20 de octubre de 2017
miércoles, 11 de octubre de 2017
Cuando el miedo nos traiciona
Cuando el miedo nos traiciona
John B. Watson, un renombrado psicólogo norteamericano hizo en una ocasión un interesante experimento. Observó en recién nacidos el “Factor Temor”. Algo sorprendente, los bebés reaccionan desde el primer día con miedo a los grandes ruidos, al dolor y al repentino desamparo. Klaus D. Heil, otro eminente psicólogo, que dirigió en Alemania el Schoenberger Institute, escribió un fascina.nte libro titulado Angst Oberwinden, que se tradujo al español con el título Vencer el Miedo. Nos dice que el miedo sensato, protege. Aparentemente estamos dotados con una especie de alarma que nos avisa del peligro.
Nos intimidamos frente a los animales salvajes, y nos late fuertemente el corazón al asomarnos a un precipicio, o frente a la obscuridad total. Además nos dice que cuando el miedo aumenta, aumenta también al principio nuestra atención y que esto nos predisponen a un mejor desempeño.
Por ejemplo, la primer vez que me toco hablar en publico , frente a compañeros de trabajo alla en los 2000 fue algo aterrador, sé que cuando alguien tiene que hablar en público, los nervios que siente al principio, le ayudarán. Y sé también que el problema está en los dos extremos del miedo: o en sentirlo tan poco que no nos alerte, o en sentirlo tanto que nos cause pánico.
Ambos casos pueden corregirse con el entrenamiento adecuado. Por ejemplo, recuerdo que en SPS, en una reunión de Tecnicos de mantenimiento organizada por Cervecera Hondureña , conocí a una persona que tenía que hablar justamente antes que yo. Me preguntó si me sentía nervioso, le dije sí, un poco. El me aseguró estar tan fresco como una lechuga. Cuando pasó al frente de los 300 participantes, estaba también tan inspirado como una lechuga.
Fue lamentable su participación. Aquellos tecnicos entre señores adultos y jovenes venidos de todos lados de Honduras , se aburrieron,y lo demostraban con bostezos y hasta durmiendo.
Por otro lado, he visto gente con tanto temor al hablar en público que ese temor los traiciona, les cerraba la boca cuando más necesitan hablar. Es evidente que tenemos miedos verdaderos para alertarnos frente a los peligros.
Pero nosotros creamos y manejamos tan mal nuestros falsos temores, que acaban traicionándonos.
No dejar
Ser presa del mal manejo de esos falsos miedos, que acaben por traicionarnos.
Lo mejor
Hacer lo que haga falta para eliminarlos, para que libre de ellos, vivamos plenamente.
martes, 10 de octubre de 2017
¿Cuál es su brazo más corto?
¿Cuál es su brazo más corto?
¿Tiene usted los dos brazos del mismo largo? Haga la prueba, estírelos y compruébelo. Seguramente uno de ellos es ligeramente más grande. Desde luego, la diferencia es tan pequeña que sólo los doctores, en ocasiones, repararán en ella. Sin embargo de Ed Furgol no se podía decir lo mismo. En realidad tenía veinticinco centímetros más corto el brazo izquierdo. Todo ocurrió cuando él tenía unos diez años. Era un muchacho sumamente inquieto, se meció en un columpio con tal violencia que salió disparado y fue a caer en la acera de cemento con su codo izquierdo. Los doctores hicieron lo posible, pero finalmente Ed se encontró con un brazo veinticinco centímetros más corto. Imagine usted el golpe sicológico que esto representó para un niño de esa edad. ¿Qué fue lo que hizo triunfar a este muchacho “a pesar de ese obstáculo”? ¡Nada menos que el entusiasmo! Pero no un entusiasmo general, lo que suele diluirse sin re.sultados. Sino un entusiasmo específico, lo que al concentrarse 0pera maravillas. Ed se entusiasmó por el g0lf, deseaba ser campeón nacional. Muchos pensaron que era un idealista patético y trataron de disuadirlo. Pero Ed era obstinado, y tenía una fórmula de la cuál usted y yo deberíamos aprender. La fórmula es sencilla: pensar en “como…” en lugar de pensar en “si…”. Es decir, concentrarse en la solución del problema, en lugar de concentrar sus energías en lamentarse por los acontecimientos pasados. No pensó en “si no hubiera hecho eso…”. Enfocó su energía mental a pensar “Cómo puedo superar el problema…” Perfeccionó sus movimientos de tal manera que ponía toda la fuerza del cuerpo en la tirada. Y el jovencito de brazo más corto, resu.ltó el nuevo campeón nacional de los Estados Unidos.
¿Cuál es su brazo más corto? “Si hubiera tenido más educación…Si mis padres no hubieran sido tan duros e incomprensivos…” Cambie a pensamientos positivos: “¿Cómo puedo compensar mi falta de educación? ¿Cómo puedo valer más? ¿Cómo puedo honestamente aumentar mis ingresos? Yo sé que cuesta trabajo pensar así, pero le aseguro que vale la pena.
Lo Negativo:
Ocupar el tiempo precioso de nuestra vida en los suspiros del “Sí…”, rindiéndonos a las adversidades.
Lo Positivo:
Convertirnos en solucionadores, en modificadores de las situaciones que no nos agraden.
¿Tiene usted los dos brazos del mismo largo? Haga la prueba, estírelos y compruébelo. Seguramente uno de ellos es ligeramente más grande. Desde luego, la diferencia es tan pequeña que sólo los doctores, en ocasiones, repararán en ella. Sin embargo de Ed Furgol no se podía decir lo mismo. En realidad tenía veinticinco centímetros más corto el brazo izquierdo. Todo ocurrió cuando él tenía unos diez años. Era un muchacho sumamente inquieto, se meció en un columpio con tal violencia que salió disparado y fue a caer en la acera de cemento con su codo izquierdo. Los doctores hicieron lo posible, pero finalmente Ed se encontró con un brazo veinticinco centímetros más corto. Imagine usted el golpe sicológico que esto representó para un niño de esa edad. ¿Qué fue lo que hizo triunfar a este muchacho “a pesar de ese obstáculo”? ¡Nada menos que el entusiasmo! Pero no un entusiasmo general, lo que suele diluirse sin re.sultados. Sino un entusiasmo específico, lo que al concentrarse 0pera maravillas. Ed se entusiasmó por el g0lf, deseaba ser campeón nacional. Muchos pensaron que era un idealista patético y trataron de disuadirlo. Pero Ed era obstinado, y tenía una fórmula de la cuál usted y yo deberíamos aprender. La fórmula es sencilla: pensar en “como…” en lugar de pensar en “si…”. Es decir, concentrarse en la solución del problema, en lugar de concentrar sus energías en lamentarse por los acontecimientos pasados. No pensó en “si no hubiera hecho eso…”. Enfocó su energía mental a pensar “Cómo puedo superar el problema…” Perfeccionó sus movimientos de tal manera que ponía toda la fuerza del cuerpo en la tirada. Y el jovencito de brazo más corto, resu.ltó el nuevo campeón nacional de los Estados Unidos.
¿Cuál es su brazo más corto? “Si hubiera tenido más educación…Si mis padres no hubieran sido tan duros e incomprensivos…” Cambie a pensamientos positivos: “¿Cómo puedo compensar mi falta de educación? ¿Cómo puedo valer más? ¿Cómo puedo honestamente aumentar mis ingresos? Yo sé que cuesta trabajo pensar así, pero le aseguro que vale la pena.
Lo Negativo:
Ocupar el tiempo precioso de nuestra vida en los suspiros del “Sí…”, rindiéndonos a las adversidades.
Lo Positivo:
Convertirnos en solucionadores, en modificadores de las situaciones que no nos agraden.
martes, 27 de junio de 2017
El Secreto de Hellen Keller
Kate notó que su pequeña hija de 19 meses no cerraba sus ojos al bañarla. Se dio cuenta que tampoco reaccionaba a los ruidos que ocurrían a su alrededor. Acababa de pasar una congestión estomacal con mucha temperatura y quizá fue esta la razón por la que quedó ciega y sorda. Las pocas palabras que había aprendido, las olvidó muy pronto. No había manera de comunicarse con ella, y siendo muy inquieta comenzó a tocar todo, a olerlo, a probarlo con su lengua. Cuando quería algo y no se le entendía, montaba en cólera y se volvió una niña incontrolable. Eran los últimos años del siglo diecinueve, y en Tacumbia, una pequeña ciudad rural de Alabama, la familia buscó ayuda. El Capitán Arthur H. Keller, su padre, consiguió que el Instituto Perkins para Ciegos, de Massachusetts, le asignara a la profesora Anne Sullivan, de solo 20 años. Ahí comenzó una larga y maravillosa amistad. Claro que al principio fue drástica disciplinando a la niña. Logrado esto, le ayudó a pensar inteligiblemente y a hablar, usando el método Tadoma, tocando los labios de otros mientras hablaban. Así pudo asistir a la Escuela Wright Humason para Sordos en Nueva York y cuando tenía 24 años se graduó c.um laude de Radcliffe College, donde Anne Sulivan había traducido cada palabra en su mano. Fue la primera persona sorda en graduarse en una universidad.
Esa niña sorda y muda se convirtió en una notable oradora y autora mundialmente famosa. Sus libros, como “Luz en mi Obscuridad” fueron un tremendo éxito editorial. Uno de ellos fue un homenaje a su profesora: “El Milagro de Anne Sullivan”. Estableció una lucha t.itánica por los discapacitados. Hellen y Anne viajaron a más de 39 países dando conferencias, y conoció personalmente a cada presidente norteamericano desde Grover Cleveland. Lyndon B. Johnson la recompensó con la Medalla Presidencial de Libertad, el mayor honor estadunidense para ciudadanos. ¿Cuál fue el secreto de Hellen Keller? Lo resumió diciendo que consistentemente se marcó, fijó y alcanzó sus metas en la vida.
Un día se le preguntó si había algo peor que ser ciega. “Sí, respondió, es tener vista, pero no visión”.
Ud elige....
Tener todas las ventajas en la vida, y aún así, fracasar.
Tal como lo demostró Hellen Keller, conocer el valor de las metas, y utilizarlo.
Esa niña sorda y muda se convirtió en una notable oradora y autora mundialmente famosa. Sus libros, como “Luz en mi Obscuridad” fueron un tremendo éxito editorial. Uno de ellos fue un homenaje a su profesora: “El Milagro de Anne Sullivan”. Estableció una lucha t.itánica por los discapacitados. Hellen y Anne viajaron a más de 39 países dando conferencias, y conoció personalmente a cada presidente norteamericano desde Grover Cleveland. Lyndon B. Johnson la recompensó con la Medalla Presidencial de Libertad, el mayor honor estadunidense para ciudadanos. ¿Cuál fue el secreto de Hellen Keller? Lo resumió diciendo que consistentemente se marcó, fijó y alcanzó sus metas en la vida.
Un día se le preguntó si había algo peor que ser ciega. “Sí, respondió, es tener vista, pero no visión”.
Ud elige....
Tener todas las ventajas en la vida, y aún así, fracasar.
Tal como lo demostró Hellen Keller, conocer el valor de las metas, y utilizarlo.
"¿Lo hacemos fácil o difícil?"
Cada vez que hay una situación por resolver, podemos optar por hacerlo de manera fácil o complicarnos e irnos por el camino difícil. Algunas personas y organizaciones sorprenden por su forma de complicarse solas, no saben escoger medios sencillos de hacer las cosas. Por el contrario, hay quienes transforman lo complejo en algo fácil.
En las relaciones interpersonales se da la misma dinámica. Hay quienes tienen una enorme propensión a afectar sus vínculos con compañeros, jefes y colaboradores. Otros, en cambio, deciden ser personas de trato fácil; con su flexible y abierta personalidad inspiran a los demás miembros de una organización.
Somos el resultado de las decisiones que tomamos e inexplicablemente hay quienes optan por enredarse en enjambres de actitudes y expresiones basadas en el delirio de poder. Ellos son presa de un ego abultado, le temen al cambio, desconfían de su propia sombra y hasta de la de sus compañeros. Así, existen gerentes de equipo que lucen encapsulados y parecieran esmerarse por complicar prácticas tan simples como conversar e intercambiar expectativas.
Hay caminos lineales que, de repente, se intersecan y se bifurcan en dos direcciones: la fácil y la difícil. En este sentido, en las organizaciones hay tantos inconvenientes que, a veces, inconscientemente, tomamos rumbos sin antes haber reflexionado acerca de las consecuencias. De acuerdo con lo anterior, lo fácil es recurrir a las normas mínimas de buen trato: escuchar antes de juzgar y ser agradecidos; sin embargo, cuando una sola persona del equipo toma la otra vía, se afecta el ambiente de trabajo y afloran las actitudes defensivas.
Tener talento no es suficiente para ejercer el liderazgo "Las personas pueden ser muy sabias y, sin embargo, muy miserables. Es fácil ser un gran matemático o astrónomo sublime, pero muy difícil ser una buena persona", advierte Oliver Goldsmith. A quienes transitan por la vía de lo difícil, les podría ser muy útil practicar la autoobservación, eso podría revelarles que la naturaleza de sus acciones se encuentra en asuntos personales no resueltos, de los cuales solo ellos son responsables.
Cuando se enfrentan retos o se solucionan problemas, también están presentes los dos caminos. Ante desafíos gigantescos, los equipos y atletas se entrenan al máximo, tal como lo hacen los trapecistas y los nadadores, entre otros. Así, al entrar en acción, hacen parecer fácil lo que es difícil. Luego, lo que con mucho esfuerzo entrenaron en privado es premiado con aplausos. Para ellos, lo fácil es elegir hacer lo que se necesita para ganar; lo difícil es esperar que la suerte se haga cargo.
Está bien aspirar a la excelencia, pero obsesionarse por exigir la perfección a otros sin alcanzar la propia, es uno de los caminos más difíciles y trae consigo el rechazo de los miembros del equipo. Qué tal si en su lugar la concentración se dirige hacia la aceptación de que, tal como afirma Haruki Murakami, "Lo que nos hace personas normales esa saber que no somos normales".
Y bien, ante casi todas las adversidades podemos escoger entre asumirlas con una actitud positiva o con una negativa. Warner Rojas, escalador de las montañas más altas del planeta, incluido el Everest, menciona que una de las claves para alcanzar cumbres es, precisamente, caminar sin perder de vista esa dicotomía y escoger lo positivo para que todo sea más fácil. ¿Actúa usted así?
En las relaciones interpersonales se da la misma dinámica. Hay quienes tienen una enorme propensión a afectar sus vínculos con compañeros, jefes y colaboradores. Otros, en cambio, deciden ser personas de trato fácil; con su flexible y abierta personalidad inspiran a los demás miembros de una organización.
Somos el resultado de las decisiones que tomamos e inexplicablemente hay quienes optan por enredarse en enjambres de actitudes y expresiones basadas en el delirio de poder. Ellos son presa de un ego abultado, le temen al cambio, desconfían de su propia sombra y hasta de la de sus compañeros. Así, existen gerentes de equipo que lucen encapsulados y parecieran esmerarse por complicar prácticas tan simples como conversar e intercambiar expectativas.
Hay caminos lineales que, de repente, se intersecan y se bifurcan en dos direcciones: la fácil y la difícil. En este sentido, en las organizaciones hay tantos inconvenientes que, a veces, inconscientemente, tomamos rumbos sin antes haber reflexionado acerca de las consecuencias. De acuerdo con lo anterior, lo fácil es recurrir a las normas mínimas de buen trato: escuchar antes de juzgar y ser agradecidos; sin embargo, cuando una sola persona del equipo toma la otra vía, se afecta el ambiente de trabajo y afloran las actitudes defensivas.
Tener talento no es suficiente para ejercer el liderazgo "Las personas pueden ser muy sabias y, sin embargo, muy miserables. Es fácil ser un gran matemático o astrónomo sublime, pero muy difícil ser una buena persona", advierte Oliver Goldsmith. A quienes transitan por la vía de lo difícil, les podría ser muy útil practicar la autoobservación, eso podría revelarles que la naturaleza de sus acciones se encuentra en asuntos personales no resueltos, de los cuales solo ellos son responsables.
Cuando se enfrentan retos o se solucionan problemas, también están presentes los dos caminos. Ante desafíos gigantescos, los equipos y atletas se entrenan al máximo, tal como lo hacen los trapecistas y los nadadores, entre otros. Así, al entrar en acción, hacen parecer fácil lo que es difícil. Luego, lo que con mucho esfuerzo entrenaron en privado es premiado con aplausos. Para ellos, lo fácil es elegir hacer lo que se necesita para ganar; lo difícil es esperar que la suerte se haga cargo.
Está bien aspirar a la excelencia, pero obsesionarse por exigir la perfección a otros sin alcanzar la propia, es uno de los caminos más difíciles y trae consigo el rechazo de los miembros del equipo. Qué tal si en su lugar la concentración se dirige hacia la aceptación de que, tal como afirma Haruki Murakami, "Lo que nos hace personas normales esa saber que no somos normales".
Y bien, ante casi todas las adversidades podemos escoger entre asumirlas con una actitud positiva o con una negativa. Warner Rojas, escalador de las montañas más altas del planeta, incluido el Everest, menciona que una de las claves para alcanzar cumbres es, precisamente, caminar sin perder de vista esa dicotomía y escoger lo positivo para que todo sea más fácil. ¿Actúa usted así?
La sabiduría de ceder...
Quien dirige una organización o empresa tiene un modo muy definido de hacerlo; los miembros de estas, por su parte, piensan que puede llevarse a cabo de manera diferente. ¿Se puede llegar al éxito sin que alguna de las partes ceda un poco? Es complicado, pues una de las dos estará actuando sin convicción, a la defensiva, y esto genera tensiones. ¿Quién debe ceder entonces?
Los pulsos entre actores que defienden sus "verdades" antagónicas pueden ser desgastantes y, lo más peligroso, podrían poner en riesgo el logro de las metas. Si las dos partes se conforman por seres pensantes que comparten los mismos intereses, es difícil que una se atribuya el monopolio de la razón; lo frecuente es que esta sea propia de ambas, aunque no suceda en proporciones iguales.
Entonces, el camino correcto es que la sensatez les permita -por lo menos- escucharse mutuamente, pero con el auténtico deseo de comprender el otro punto de vista. Una pequeña dosis de humildad ayuda en estas ocasiones... En contraposición, al confrontar, ya sea de modo pasivo o disimulado, no se consigue nada bueno; cuando se cede un poco de validez al criterio de la contraparte, se consigue más que con la imposición. Al respecto, Aristóteles decía: "El hombre bueno es propenso a ceder".
Esa porción de humildad permitiría a cada actor comprender que, al sumar al otro, ambos serán más fuertes, la clave: dialogar con mente abierta y actitud empática. Así, se permitirá −al menos− la exposición de ideas y posiciones, sin interrupciones, juicios ni mucho menos descalificaciones. "Mamá, papá, si yo sé que ustedes me entienden, los escucho", dicen los niños. Y lo mismo sucede en las empresas y equipos, cuando sus directores prestan profunda atención.
Prolongar tensiones y desacuerdos, sin ajustes oportunos, equivale a enrumbarse hacia donde ninguna de las partes desea llegar. ¿Por qué entonces no hacer un alto en el camino y reacomodar las metas, estrategias, roles, relaciones y formas de trabajar? A quienes insistan en no rectificar, Albert Einstein, contundentemente, les advierte: "La diferencia entre la genialidad y la estupidez es que la genialidad tiene sus límites".
El rumbo y la historia de países, organizaciones, empresas y personas cambia radical y positivamente cuando se asumen actitudes de tolerancia y flexibilidad, no cuando la rigidez de unos se impone sobre otros. Sin embargo, con tal de no ceder en sus posiciones, métodos o excesiva sordera selectiva, algunos dirigentes se arriesgan a autodestruirse y perderlo todo, esos casos no son pocos. Hay un buen día para reaccionar y rectificar, este no fue ayer ni será mañana, es hoy.
Recordemos el viejo proverbio: "Hay pleitos que aun perdiéndolos uno gana y otros que aun ganándolos uno pierde". Por el bien de la empresa, ceder puede ser la llave para soltar grilletes emocionales y mentales que frenan la entrega apasionada por un ideal. Sabio no es quien tiene todas las respuestas, sino quien se formula preguntas claves y se desafía a sí mismo a mejorar.
Nadie es 100% rígido. La tolerancia mueve la buena voluntad hasta de los más resistentes al cambio. Cuando alguna parte percibe ganar algo bueno por la acción de la otra, el liderazgo de quienes dirigen se fortalece. Se guían por el consejo de Abraham Lincoln: "Más vale ceder el paso a un perro que dejarse morder por él".
Los pulsos entre actores que defienden sus "verdades" antagónicas pueden ser desgastantes y, lo más peligroso, podrían poner en riesgo el logro de las metas. Si las dos partes se conforman por seres pensantes que comparten los mismos intereses, es difícil que una se atribuya el monopolio de la razón; lo frecuente es que esta sea propia de ambas, aunque no suceda en proporciones iguales.
Entonces, el camino correcto es que la sensatez les permita -por lo menos- escucharse mutuamente, pero con el auténtico deseo de comprender el otro punto de vista. Una pequeña dosis de humildad ayuda en estas ocasiones... En contraposición, al confrontar, ya sea de modo pasivo o disimulado, no se consigue nada bueno; cuando se cede un poco de validez al criterio de la contraparte, se consigue más que con la imposición. Al respecto, Aristóteles decía: "El hombre bueno es propenso a ceder".
Esa porción de humildad permitiría a cada actor comprender que, al sumar al otro, ambos serán más fuertes, la clave: dialogar con mente abierta y actitud empática. Así, se permitirá −al menos− la exposición de ideas y posiciones, sin interrupciones, juicios ni mucho menos descalificaciones. "Mamá, papá, si yo sé que ustedes me entienden, los escucho", dicen los niños. Y lo mismo sucede en las empresas y equipos, cuando sus directores prestan profunda atención.
Prolongar tensiones y desacuerdos, sin ajustes oportunos, equivale a enrumbarse hacia donde ninguna de las partes desea llegar. ¿Por qué entonces no hacer un alto en el camino y reacomodar las metas, estrategias, roles, relaciones y formas de trabajar? A quienes insistan en no rectificar, Albert Einstein, contundentemente, les advierte: "La diferencia entre la genialidad y la estupidez es que la genialidad tiene sus límites".
El rumbo y la historia de países, organizaciones, empresas y personas cambia radical y positivamente cuando se asumen actitudes de tolerancia y flexibilidad, no cuando la rigidez de unos se impone sobre otros. Sin embargo, con tal de no ceder en sus posiciones, métodos o excesiva sordera selectiva, algunos dirigentes se arriesgan a autodestruirse y perderlo todo, esos casos no son pocos. Hay un buen día para reaccionar y rectificar, este no fue ayer ni será mañana, es hoy.
Recordemos el viejo proverbio: "Hay pleitos que aun perdiéndolos uno gana y otros que aun ganándolos uno pierde". Por el bien de la empresa, ceder puede ser la llave para soltar grilletes emocionales y mentales que frenan la entrega apasionada por un ideal. Sabio no es quien tiene todas las respuestas, sino quien se formula preguntas claves y se desafía a sí mismo a mejorar.
Nadie es 100% rígido. La tolerancia mueve la buena voluntad hasta de los más resistentes al cambio. Cuando alguna parte percibe ganar algo bueno por la acción de la otra, el liderazgo de quienes dirigen se fortalece. Se guían por el consejo de Abraham Lincoln: "Más vale ceder el paso a un perro que dejarse morder por él".
viernes, 23 de junio de 2017
¡Acabe con esas hormigas!
Un renombrado psiquiatra norteamericano, el Dr. Daniel G. Amen, refiriéndose a ese diálogo interno que todos sostenemos constantemente con nosotros mismos, acuñó el término “Automatic Negative Thoughts”, que traducido literalmente sería “Pensamientos Automáticos Negativos”. Con las primeras palabras de su término, formó la palabra ANT, que en inglés significa “hormiga”. Y él explica a sus pacientes que al igual que en un paseo de día de campo, las hormigas son indeseables a la hora de comer, también en nuestra vida diaria esos pensamientos negativos que coartan nuestro potencial, son igualmente indeseables.
El Dr. Amen, suele recomendar a sus pacientes que “pisoteen esas hormigas” hasta acabar con ellas. ¿Cómo? Primero, nos dice, hay que identificarlas. Segundo, hay que eliminarlas sustituyéndolas por pensamientos más positivos que nos ayuden a vivir mejor. “No crea todo lo que oiga, aunque sea lo que usted se dice en su propia mente” advierte.
Para identificar algunos tipos de estas “hormigas”, nos da algunos ejemplos. Él llama “inculparse”, cuando uno se dice “Qué tonto soy”, “Soy un irresponsable”, “Me siento feo, me ponga la ropa que me ponga”. Otro tipo de hormiga está en pensar en términos de “jamás, nunca o siempre”. “Jamás me darán una oportunidad”, “Nunca el jefe me dará ese ascenso”, “Siempre se me echan a perder mis planes”.
¿Cuál es su recomendación para “pisotear esas hormigas”? Nos dice que sustituyendo nuestros pensamientos. Dígale a sus pensamientos negativos que ya no les hará caso, que basta ya de tanta recriminación que solamente le hace sentirse mal. Empiece a crear el hábito de pensar positivamente. “Soy una creación de Dios, y por lo tanto un ser valioso, no me permitiré denigrarme más”. Cuente sus bendiciones, aquello de que sí dispone en este momento. Por ejemplo está vivo, tiene la oportunidad de pensar y de controlar sus pensamientos. ¿Le parece esto poca cosa? Los cementerios están llenos de gente, cuya oportunidad finalizó en esta tierra, y que quizá con mucho gusto se cambiarían con usted.
UD DECIDE....
No dejar que las “hormigas” se adueñen de nuestro futuro, y lo hagan miserable.
Acabar con esos pensamientos negativos, con la única forma de hacerlo conocida, desarrollando el hábito de pensar positiva-mente
.
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